Aitor Mazo y aquel partido en Lezama

Aitor-Mazo-Portero

El fútbol perdió un portero, y hoy el cine ha perdido un actor. Aitor Mazo ha fallecido esta mañana en su piso de Bilbao. En la noticia de su muerte muchos destacan que era el cura de ‘Ocho apellidos vascos’, el taquillazo del cine español de los últimos años, pero es injusto recordarle solo por ese papel. Aitor trabajó con los mejores directores del celuloide nacional, casi siempre en papeles de reparto. Debutó en la gran pantalla en ‘Lauxeta, a los cuatro vientos’ (1987) y participó en filmes tan populares como ‘Vacas’, ‘Airbag’ y ‘La comunidad’. También tuvo un papel secundario, siempre secundario, en series míticas como ‘Los ladrones van a la oficina’, ‘Hospital central’, ‘Cuéntame’, ‘Amar es para siempre’ y recientemente, en ‘El Ministerio del Tiempo’. Pero de pequeño no soñaba con ser actor, como alguna vez dijo, si no en parecerse a José Ángel Iribar. El Chopo.

Nacido en Bilbao en 1961, Aitor Mazo iba para portero de fútbol. Como todo niño vizcaíno de esa época, su ilusión era emular al ‘Chopo’. Primero, evitando que los balones cruzaran la línea que marcaban dos piedras que simulaban una portería en las campas de Txurdinaga, después, ya federado, en el Zugazarte de Getxo hasta 18 años. De esa etapa es la historia que una vez leí El Correo y que aprovecho para recuperar aquí.

En una entrevista en el diario vizcaíno recordaba cuando defendiendo la portería del club getxotarra en Lezama se enfrentó al Alirón, el infantil del Athletic, en el que destacaban unos chicos como Gallego, Liceranzu, Urtubi, Endika y Noriega y que años más tarde formaron parte del mítico Athletic de los ochenta. Su equipo perdió estrepitosamente y Aitor tuvo que recoger el balón del fondo de su portería en diez ocasiones. “Aquel día, Liceranzu, que con quince años tenía unas piernas como las de mi padre, me metió un gol desde el centro del campo. Yo nunca había visto chutar a nadie desde allí y para cuando vi que la pelota venía directa a la portería y cuando me tiré, el balón ya estaba dentro”.

Y así, de repente, él también se ha ido. Nos quedarán sus películas y esta anécdota de cuando recibió diez goles en aquel partido en Lezama.

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