La moda de los balones: la nueva trampa para ganar

En la liga española se ha implantado una nueva moda: lanzar balones al campo para perder tiempo a favor del equipo local. No es un método novedoso, pero en las últimas semanas se ha llevado a cabo en varios campos. El primer caso se produjo en el Reyno de Navarra, los encargados de realizar la artimaña fueron los aficionados que retenían tres balones desde el calentamiento y en los últimos minutos y ante las acometidas del Real Madrid, para lograr el empate, los lanzaron para frenar el ímpetu de los blancos. Los tres puntos se quedaron en Pamplona y los de Mourinho se complicaban la Liga. El castigo a Osasuna fue de 602 euros. Bastante barato y rentable si logran la permanencia.

El siguiente escenario fue La Romareda. El Zaragoza ganaba 2-1 al Getafe, ambos luchando por la permanencia, y en los últimos minutos varios balones se lanzaron al campo con la misma idea de interrumpir el juego del equipo visitante. Este caso si cabe es más indignante pues los esféricos salían del propio banquillo local. Los jugadores del Getafe, incluso, señalaron a Ander Herrera como autor de la infracción. El Comité de Competición impuso al club aragonés idéntica sanción que a Osasuna.

Ayer fueron los recogepelotas del Sevilla los que repitieron la triquiñuela, reincidentes en las malas artes (como ya escribió en su día Borja Barba en Diarios de Fútbol). Fue bochornoso ver como llovían los balones sobre el terreno de juego desde cualquiera de los fondos, hubo un momento en el que hasta tres esféricos coincidían en el campo, para evitar el empate del Villarreal. La multa será la misma por “alteración del orden del encuentro de carácter leve”. Insignificante para un club de Primera División, los tres puntos se quedaron en Sevilla en su lucha por conseguir una plaza europea. Los aficionados y clubes se han dado cuenta que la trampa es efectiva.

Aplaudimos el engaño o lo edulcoramos bajo el epígrafe de la pillería, tan española, desde el lazarillo hasta nuestros días. El periodista Martín Perarnau escribió hace unos años un post titulado “¿Por qué en el fútbol hay tan poca nobleza y honradez?” en el que criticaba a quienes utilizan la pequeña trampa para ganar. Su tesis era que la “permisividad con la trampa ha desembocado en esta ausencia de nobleza y honestidad”. Otros a estas tretas lo denominarán como “el otro fútbol” que decía José Antonio Camacho, yo simplemente creo que es adulterar la competición. Y a quién corresponda debe tomar medidas en el asunto porque esta dejadez es el aliento hacia actitudes tramposas e innobles y permite que un factor externo como es arrojar balones al campo de juego pueda ser juez en un final de Liga en el que los equipos se juegan mucho.

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Foto: As.com

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