El ‘Cabezón’ de Oro

Argentina siempre ha sido una de las grandes potencias mundiales del fútbol. Por esta razón todo el mundo se extraña, cuando uno se entera que Messi es el primer jugador de esta nacionalidad que gana el Balón de Oro. La razón principal reside en que hasta 1995, este galardón sólo se otorgaba a futbolistas europeos y eso provocó que grandes del balompié no tuviesen la posibilidad de conseguirlo.

Pero dicen que quien hizo la ley, hizo la trampa y parece que la revista gala falló a sus propios principios desde su primera edición. El vacío normativo permitía que los jugadores nacionalizados optasen a ese galardón y de esa forma el Balón de Plata fue entonces para Alfredo Di Stéfano, con pasaporte español, quien luego sí se llevó el dorado en dos ocasiones. La ‘Saeta Rubia’ no es la única excepción y su (en parte) compatriota Omar Sívori se lo llevó en 1961, que había cambiado la albiceleste por la ‘azzurra’.

La figura del ‘Cabezón’ Sívori se atisbaba sin problema alguno dentro de la cancha. Con su 1’70 metros, 70 kilos y sus combadas piernas desnudas con las medias hechas un rollo a la altura de sus tobillos sumadas a su gran habilidad de regate hacían que no pasase desapercibido. El contrapunto era su carácter impulsivo y provocador que le llevó a que se pelease con casi todos los que le rodeaban.

“Yo quiero una cancha con diez desconocidos. Después lo pongo a él, y ya estamos listos para salir campeones”, decía Renato Cesarini, su descubridor en River Plate y con el que luego coincidiría en la Juventus. De su mano debutó en 1954 con los ‘Millonarios’ en un 5-2 a Lanús formando delantera con una parte de ‘La Máquina’, como eran Lostau y Prado.

Tras sólo ocho partidos jugados con la elástica de la banda roja, Sívori se enfrentó a Boca Juniors en ‘La Bombonera’. La presión de jugar el clásico del fútbol argentino no le amilanó y sus gambetas produjeron un destrozo enorme en la defensa ‘xeneize’. La gente lo veía ya como un ídolo. Con River ganó los campeonatos de 1955 y 1956, antes que la ‘Juve’ pagase 10 millones de pesos por su traspaso (dinero que fue utilizado para construir una de las herraduras del Estadio Monumental).

Antes de partir hacia Italia, el seleccionador Guillermo Stábile le convocó con Argentina para ganar la Copa América que se disputó en Perú. Aquel equipo tuvo un tridente atacante excepcional (apodado los ‘Carasucia’) con el ‘Cabezón’, Antonio Valentín Angelillo y Humberto Maschio. En su camino hacia el título aplastaron por 3-0 a una selección de Brasil, con Evaristo y Didi, que un año después se proclamaría Campeona del Mundo en Suecia.

El presidente ‘bianconero’, Umberto Agnelli, fue objeto de las críticas debido al derroche que había supuesto el fichaje y más aún viendo el bajo rendimiento que tuvo en sus primeros partidos en el Viejo Continente. Tras un periodo de adaptación, Sívori consiguió recuperar su estilo y consiguió el beneplácito de los ‘tifosis’.

En el equipo turinés formó el ‘Trío Mágico’ junto a Giampiero Boniperti y el galés John Charles. Esta magnífica sociedad consiguió anotar un total de 235 goles en las cuatro temporadas que formaron la delantera de la ‘Vecchia Signora’. El equipo completado por Mattrel, Corradi, Garzena, Emoli, Ferrario, Colombo, Nicolè y Stacchini encandiló a la afición del Comunale y llevó a las vitrinas tres Scudettos y dos Copas de Italia.

Como ya se ha citado con anterioridad, en 1961 consiguió el ‘Balón de Oro’. A día de hoy todavía mantiene el ‘honor’ de haber sido el ganador con menor porcentaje de votos de la historia (sólo recibió 46 sobre 95 posibles). A pesar de no conseguir título continental alguno, había demostrado con sus actuaciones que era un gran habilidoso del balompié y este galardón así lo quiso premiar.

Su doble nacionalidad le permitió jugar el Mundial de Chile en 1962 con la ‘azzurra’. El equipo transalpino no consiguió pasar de la fase de grupos, donde cayó emparejada con Alemania Federal y Chile.

En 1964 y con la llegada de Heriberto Herrera al banquillo, los números de Sívori bajaron de forma drástica. Sólo jugó quince partidos y anotó tres goles. La razón no era otra que el choque de egos en el vestuario. El entrenador paraguayo (precursor del ‘Movimiento’ que luego Rinus Michels lo adaptaría a su ‘Futbol total’) era todo un sargento y eso no casaba con una mente creativa como la del delantero argentino.

Un año después abandonó Turín para recalar en Nápoles. En el Stadio San Paolo jugó durante cuatro temporadas y su mayor éxito fue acabar subcampeones de liga, el puesto más alto al que nunca antes habían llegado. Al igual que Maradona casi veinte años después, el ‘Cabezón’ se convirtió en una figura divina en las faldas del Vesubio.

El carácter que había paseado durante toda su carrera, también fue la razón de su retirada. El 1 de diciembre de 1968 el Nápoles jugaba contra la Juventus, el delantero italo-argentino recién salía de una operación de rodilla y después de un choque con un rival, se peleó y finalmente fue expulsado. Cabreado con lo sucedido, decidió de forma drástica colgar las botas a sus 33 años y volverse a su San Nicolás de los Arroyos natal.

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