Violencia contra un árbitro en juveniles

Después de una apasionante jornada en la que la Liga se ha puesto al rojo vivo se podría escribir de cómo el Real Madrid le ha recortado 8 puntos en tres jornadas al Barça. Del apasionante partido que se vio en el Vicente Calderón. De la  semana negra del Valencia. Del anticipo de la Copa del Rey en Bilbao. Pero ha ocurrido un hecho tan dramático que es imposible abstraerse.

El lunes ocupó gran parte de los informativos deportivos, aunque no lo suficiente, un hombre ataviado con un chándal y lleno de magulladuras. Su nombre Manuel Montané Rodríguez que el pasado domingo sufrió la agresión de varios jugadores del AD Cerro del Águila, del Grupo Primero de la Preferente juvenil sevillana, que le lincharon literalmente. Mientras unos “valientes” le pegaban, según ha contado el colegiado, otros no tan atrevidos, les jaleaban para que continuaran con la paliza. Escalofriante.

Todo sucedió cuando al inicio de la segunda parte del partido, entre el Betis y el AD Cerro del Águila, con 1-0 en el marcador a favor del juvenil bético el árbitro expulsó a un jugador del Cerro. Fue entonces cuando varios jugadores de este equipo le agredieron. Como consecuencia de las patadas y puñetazos que sufrió fue trasladado en ambulancia al hospital casi inconsciente. Y gracias. Porque pudo ser más grave.

El concejal de Deportes de Benacazón, José Manuel Morales, en declaraciones a Europa Press ha declarado que “nunca había visto algo así, lo tiraron al suelo y no paraban de darle puñetazos y patadas”. El edil señaló como culpables a familiares y acompañantes que no pararon de incitar la violencia y pedir la cabeza del árbitro” y resaltó la colaboración del presidente del Cerro que facilitó los nombres de los agresores.

La habitual violencia verbal ha vuelto a degenerar en violencia física. No es la primera vez pero se está convirtiendo en algo habitual en las categorías inferiores del fútbol español, de vez en cuando también en el profesional, y muchas veces los instigadores o ejecutores son los propios padres de los jóvenes jugadores. Esta vez el agredido tiene 34 años. Los agresores entre 16 y 18 años. La Guardia Civil, que se personó en el campo tras los hechos, ya ha tomado declaración al trencilla y en estos días se espera que se les tome declaración a los juveniles. La medida que se tome contra ellos debe ser ejemplar. De primeras no dejarles volver a jugar al fútbol ni asistir a ningún acontecimiento deportivo. Hay que terminar con esta lacra.

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